lunes, 20 de febrero de 2012

Lo bueno, lo malo y lo feo del premio Óscar


En teoría la labor de La Academia debe ser premiar a lo mejor de la cinematografía pero como en muchas ocasiones la teoría nunca se parece a la práctica.

Estos premios son los más conocidos, antiguos, famosos y “prestigiosos” dentro del mundo del cine.
Las famosas ceremonias comenzaron en 1929, pero “The Academy of Motion Picture Arts and Sciences” (AMPAS) fue fundada en 1927, cuya base se encuentra en Beverly Hills. Y desde 1941 fue implementado el -ahora famoso- sobre que guarda en secreto el nombre del ganador.

El proceso para elegir el ganador (una vez más en teoría) es más o menos el siguiente: 
Se abre una ronda en la que, desde 2010, se escogen diez candidatos, estos son elegidos por los miembros de La Academia pero siendo pertenecientes a la especialidad a la que se le otorgará el premio; de esta forma los actores votan a los actores que son candidatos, los directores a los directores, etc. Pero el ganador es elegido por la totalidad de los miembros de La Academia.

Entra en la categoría todo film estrenado en Los Ángeles, Estados Unidos, desde el 1º de enero hasta el 31 de diciembre y con una duración mínima de cuarenta minutos.
Las votaciones se hacen en secreto, así nadie conoce al ganador, para lo anterior interviene una firma de auditoría encargada de realizar el recuento de los votos.
Hasta el día de la ceremonia en vivo el sobre lacrado con el nombre del ganador es abierto.

La Academia tiene un fuerte impacto en la industria cinematográfica, de eso no hay duda, una nominación o una estatuilla para una película es un “plus” y casi un asegurado éxito en taquilla. Esto es un apoyo importante para cualquier película que merece ser reconocida.

Pero esta institución tiene un lado oscuro, tropezones graves que han puesto en duda su credibilidad.

Para empezar, de unos años a la actualidad se ha notado una inminente inclinación a otorgar el premio Óscar a papeles melodramáticos, sentimentalones y/o de superación personal, donde los actores y actrices tienen que caracterizarse y “sacrificar” su belleza, véase y además consecutivamente: Halle Berry por Monster’s Ball (2001), Nicole Kidman en The Hours (2002), Charlize Theron en Monster (2003).
¿Parte de la fórmula para asegurar una estatuilla?

Es conocido que los actores cómicos han sido relegados aun si se tiene una actuación destacada. Véase a Renée Zellweger en Bridget Jones Diary (2001).

Por otra parte desde hace unas décadas, las súper producciones de gran éxito de taquilla han sido constantemente nominadas en la categoría de “Mejor Película”, (aquí se podría mencionar cualquier film de James Cameron) y en muchas ocasiones no presentan el suficiente sustento, así en unos pocos años envejecen cinematográficamente hablando.

Parece que la presión por las productoras, el marketing y las relaciones públicas de una película tienen un peso muy grande al momento de elegir el ganador, dejando en segundo plano a la crítica, el valor artístico, innovaciones técnicas, o influencia cultural.

Por ejemplo, a Martin Scorsese después de años le otorgaron el premio a “Mejor Director” por The Departed (2006), en esa ocasión se notó la presión que tenía esta institución, ya que era un premio que se le debía al gran director que es Scorsese y no es cuestión de demeritar la excelente película que es The Departed, pero sobre otras obras del director como Taxi Driver (1976) o Raging Bull (1980), no hay punto de comparación.

Ahora, si de errores clásicos y completamente atroces se habla no se puede olvidar el pasado de estos premios.

Algunos de los considerados genios del séptimo arte que han trascendido rompiendo paradigmas y que han creado obras que siguen siendo estudiadas, como es el caso de Ingmar Bergman, Federico Fellini, Stanley Kubrick o Alfred Hitchcock, nunca recibieron un premio Óscar como “Mejor Director” y ninguna de sus emblemáticas obras fue ganadora o siquiera contemplada a una nominación.

Aunado a lo anterior es muy conocido el caso de Orson Welles, quien nunca recibió una estatuilla y su película Citizen Kane (1941), hoy considerada por muchos expertos como la mejor película de todos los tiempos, nunca recibió un premio y fue olvidada por los críticos estadounidenses de su época. Lo anterior, porque Welles simplemente no tenía buena relación con las personas que componían La Academia.

Por otra parte, habría que recordar también que durante mucho tiempo se clasificó a esta premiación como racista. Hasta el año 2001, solamente seis actores afroamericanos habían ganado un premio. De hecho a la ganadora como “Mejor Actriz de Reparto” de 1939 Hattie McDaniel en su papel en Gone With The Wind, se le solicitó que entrará por la puerta de atrás. 
El entonces actor e ícono de esos años Clark Gable con el cual trabajó y forjó una amistad en la mencionada película intercedió al grado de hacer depender su asistencia a la ceremonia si no iba McDaniel.

El Óscar es un premio sobrevalorado, un evento donde el glamour y las falsas brillantinas predominan y los intereses económicos sobrepasan el amor al arte, pero al mismo tiempo la artificialidad ha ido invadiendo cada premiación cinematográfica.

Cannes se ha vuelto sólo una pasarela de artistas y el festival que en un principio se pensó para premiar al cine independiente estadounidense, el festival Sundance se ha convertido en un lugar de pretensión, donde una fórmula dentro de la narrativa cinematográfica y cuestiones como la fotografía se han estancado, volviendo todas las películas clones una de la otra.

El cine también es industria y como cualquier empresa se manejan fuertes intereses económicos, pero habrá que encontrar un equilibrio.

Al final las buenas películas y los buenos autores no necesitan de un premio que los avale, muchas películas que son extraordinarias no necesitaron de una estatuilla para tener éxito y/o volverse películas de culto y muchos directores tampoco necesitaron un premio, la historia se los otorga, la obra habla por sí misma.

Parece que se debe empezar a manejar de manera distinta este tipo de premiaciones y los reconocimientos a la industria cinematográfica, cambiar de fórmula, ya que, ésta se ha vuelto obsoleta.


4 comentarios:

  1. ¿No importan, pero sí importan? No estoy de acuerdo con la base. Casi percibo algo de molestia porque los óscares no han coincidido con lo que te gusta. ¿Si Scorsese hubiera ganado entonces todo iría bien? No pasa nada con los premios, no hay que hacerles mucho caso, a mí me gusta Woody Allen aunque vivió 26 años sin una de estas estatuillas y me encanta Borges, aunque no le hayan dado el Nobel de literatura.

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    1. No importan porque como lo escribí, el tiempo y la historia les otorga la justicia.
      Pero sí, si Scorsese hubiera tenido su premio como los otros autores citados estos premios tendrían mayor credibilidad. Dejo mis gustos a un lado y me baso en los grandes directores y películas (que no todas me gustan) que si merecían una estatuilla, si nos basamos en una ceremonia que se jacta de premiar a lo mejor del cine.
      No hay congruencia, es lo que pongo a tela de juicio y lo peor es que así van siendo las otras premiaciones. Yo amaba Cannes pero cada año le voy perdiendo el respeto.

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    2. No puedes decir "Dejo mis gustos a un lado" porque antes dijiste "Si Scorsese hubiera tenido su premio... estos premios tendrían mayor credibilidad". ¿Quiénes son los grandes directores y cuáles las grandes películas? Disfruta del cine, no lo califiques. Me acuerdo de una frase: "Los críticos sólo existen para los críticos".

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    3. En el trabajo de la crítica debes dejar tus gustos y argumentar las películas, por eso es independientemente que me guste scorsese. Scorsese es grande a quien le pese y por eso merece premios, pero sino se los dan seguirá haciendo grandes filmes. A Chaplin le dieron nada porq fue vetado de La Academia y creo q hoy muchos cineastas le deben a Chaplin.
      Otro ejemplo, me encanta woody allen y varias de el han sido malitas.
      Sí hay grandes directores y sí hay grandes cintas, los críticos no son sólo para los críticos, deben cumplir una función de análisis e intermediario entre la obra y el público. Es una larga plática que es mejor en persona.

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