Estando en la segunda década del siglo XXI, el cine contagiado del formato 3D y efectos visuales por doquier; un filme mudo y en blanco y negro para muchos representaría el suicidio. ¿Verdad?
No tanto.
Para eso llegaría el director francés Michel Hazanavicius demostrando lo contrario, olvidando todo lo anterior, rompiendo paradigmas, volviendo a los orígenes del cine y al mismo tiempo a rendirle un homenaje a esas películas silentes de Hollywood.
Sin duda a muchos productores y distribuidores les habrá dado pavor el hecho de tan sólo imaginarse involucrados en un proyecto así, simplemente porque la cinta se encuentra en silencio. Para muchas personas en el sentido estricto la película no dice nada. Pero hay cientos de películas más que deberían dar mucho mayor miedo con sus efectos especiales, digitales, efectos de audio exagerados y que con todo eso se limitan a nada, a decir absolutamente nada.
Películas que no tienen una historia que contar y que se desvanecen en el silencio.
“No hablaré”, “No diré una sola palabra” son frases que se pueden leer desde el principio de The Artist, sin duda un enfrentamiento a la frase de la primera película de cine sonoro El cantante de Jazz (1927), “Aún no han escuchado nada”.
La cinta es el retrato de muchos actores de la década de los 20 del siglo pasado que se rehusaron a hablar, a no permitir que sus películas tuvieran sonido y a entrar a una nueva era donde se cambió la manera de escribir y filmar.
Aquí George Valentine, interpretado excelentemente por Jean Dujardin es ese actor que no quiere hablar, que se niega a escuchar y a establecer un diálogo.
Poco a poco fueron eclipsados por las nuevas estrellas sonoras en ascenso, esos nuevos rostros que tanto ansiaban las “Majors”. Peppy Miller (Bérénice Bejo, actriz franco-argentina) es el personaje que interpreta esa otra parte de la historia.
Un sistema fílmico se sintió inmune, cerraron oídos y boca y decidieron ignorar los avisos del cambio, al mismo tiempo tuvo la infortuna de darse a la par de una crisis financiera que dominaba la producción cinematográfica.
En The Artist se juntan ambos desequilibrios (el financiero y el del actor), haciéndolos semejantes.
Debido a que el espectador se encuentra con una historia sin sonido, Hazanavicius tuvo que poner un mayor empeño a cualquier aspecto visual; en los encuadres, los planos, etc. Por ejemplo los planos de la heroína se ven más luminosos, dejando al actor en decadencia oscurecido. Ella subiendo escaleras, él hacía abajo. Por supuesto sin dejar esas grandes sombras que se veían en esos filmes para dar un mayor dramatismo.
Sin duda con la premisa de una historia que cuenta la transición del cine silente al sonoro es inevitable recordar Singing in the Rain (1957), con un relato distinto pero que retrata con igual profundidad ese momento de la historia del cine.
Historias, mensajes, momentos. De eso está hecho el cine, y de eso habla The Artist, narrando con luces, sombras y coreografías; encantando a todas las personas gracias esa mezcla atractiva y entretenida de tantas películas del cine mudo, con su dosis de drama, comedia, y su inevitable parte de romance.
Transportando al espectador a los inicios del siglo XX, cuando en el cine todo era transmitir emociones por medio del cuerpo, de muecas y gesticulaciones.

Película muy bonita y muy recomendable. Son varias las películas que han retratado ese momento del cine, recuerdo El aviador, por ejemplo. Pero The Artist mete elementos fantásticos, que como fueron bien llevados... se agradece.
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