domingo, 29 de enero de 2012

La fórmula que habito



Hace unos años, concretamente en el año 1999 llegó a la pantalla la película Todo sobre mi madre del director Pedro Almodóvar, un filme multipremiado con un guión impecable, una historia sórdida que atrapó desde el inicio. A partir de ese momento el director en cuestión se dio a conocer a lo largo del planeta y continúo con la fórmula de historias truculentas asombrosamente (y sabrosamente) bien contadas.
Ahora en el marco del 9º Festival Internacional de Cine de Morelia, se presentó con pompa y platillo la última cinta del señor Pedro Almodóvar, La piel que habito (2011), con una alfombra roja que incluía a las protagonistas Marisa Paredes y Elena Anaya.

Lo que al parecer no sabe el director español es que todo tiene una fecha de caducidad, y manejar durante años la misma receta ocasiona que esta cinta huela rancia.
Una vez más continúa en el mismo tono que ya a estas alturas parece desgastado. Almodóvar se rehúsa dejar esa zona de confort y en esta película lleva las cosas a un extremo que las vuelve inverosímiles.

Se ha presentado la historia como un thriller, pero la verdad es que está lejos de entrar a esa categoría, no mantiene el suspenso ni los elementos de aquel género; en lugar de eso conforme avanza la historia, ésta se va tornando cada vez más siniestra al mero estilo “Almodovariano”, pero sin el encanto y un guión conciso como otras.
Por supuesto sus capacidades para dirigir actores no se las quita nadie, Antonio Banderas y las ya mencionadas Marisa Paredes y Elena Anaya hacen buenas actuaciones. Y sí, maneja una factura impecable, siempre utilizando una psicología y una carga de colores muy importante; una semiótica digna de analizarse.

Almodóvar recuerda a esas bandas de rock, cuyo nombre no mencionaré, que en alguna ocasión fueron contestatarias, creativas, una imagen para muchas generaciones. Ahora son viejos que manejan un doble discurso y que sirven para chiste de muchos.
Así el director fue en algún momento transgresor y arriesgado, una especie de ícono del cine post modernista y de una España que despertaba, pero cuando tratas de hacer lo mismo y utilizando los mismos recursos desde hace más de diez años, jamás llegará la revolución, y el encasillamiento parece inevitable.

Si hubiera sido la película de otro director, tal vez y sólo tal vez se hubiera tenido menos problema (a pesar de un guión poco determinado), aquí la cuestión es Almodóvar rebajando su calidad al contar historias y reciclándose una vez más.

Renovarse o morir dice la frase; porque no es lo mismo Todo sobre mi madre que diez años después.

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