Había una vez, en un lago un grupo de hermosas jóvenes, que por culpa del malvado mago Rothbart fueron convertidas en cisnes blancos, las cuales únicamente retomaban su forma humana durante las noches; de entre ellas destacaba por su belleza Odette a quien sólo podía romper el hechizo quien le jurase amor eterno.
La hermosa Odette un día conoce a su príncipe y ambos quedan enamorados, así su amado Sigfrido le jura amor eterno y le pide que asista al baile la noche siguiente donde debe elegir a la joven que será su esposa.
Rothbart se entera de esto y llega a la fiesta con su hija Odile. El príncipe hechizado cree ver a Odette en Odile y le jura amor eterno. Feliz, el mago se descubre y muestra a Odette a lo lejos.
Ella regresa al lago llorando y totalmente desconsolada. Aparece Sigfrido arrepentido e implorando perdón, al mismo tiempo que aparece el malvado mago. Ambos amantes luchan contra él, pero todo es en vano, pues el maleficio no puede ser deshecho.
Ambos enamorados se lanzan al lago, y a consecuencia de ese sacrificio de amor, muere Rothbart y los cisnes son liberados. Al final sólo se ven aparecer sobre el lago los espíritus de Odette y Sigfrido, ya juntos para siempre.
“Black Swan”: la adaptación de Aronofsky
Lo anterior es la obra original de ballet "El lago de los cisnes", de Ilyich Tchaikovsky, sin embargo con los años han existido varias adaptaciones y transformaciones de esta obra en el mundo del ballet. En ésta ocasión se plantea una dualidad en el personaje principal, una Odette y una Odile en la misma persona. La primera inocente y frágil, la cual fue transformada en cisne durante un hechizo, un adorable cisne blanco; mientras que la segunda es el lado oscuro, un cisne negro lleno de pasión, y erotismo.
A partir de la anterior premisa, y sirviendo como referencia, el director estadounidense Darren Aronofsky nos introduce a su último film
Black Swan (2010), un thriller psicológico, que fue estrenado durante el 67º Festival Internacional de Cine de Venecia, y que ahora llega a las pantallas mexicanas.
Aronofsky, una vez más explora un personaje a través de la tragedia, una historia que bien podría ser hasta cierto punto “sucesora” de lo que el director presentó en su anterior película
The Wrestler (2008); pero en este caso en lugar de ser un luchador profesional venido a menos, es una delicada bailarina de ballet con una mente atormentada.
La protagonista, Nina Sayers
Se va conociendo la historia de Nina (Nataie Portman), para la cual el baile y la disciplina se convierten en una obsesión, y al mismo tiempo en una válvula de escape. Una bailarina que busca la perfección (¿La perfección es asequible?), pero con demonios internos que buscan salir a como de lugar.
Aquí el rosa del tradicional tutú, se convierte en rojo sangre, un rojo que igualmente refleja una pasión.
La sangre (rojo) también va segregando la escondida personalidad, son los deseos reprimidos que quieren salir, al mismo tiempo de dar una muerte a la inocencia, a esa niñez, y que pueda escapar ese “Cisne Negro”.
Una lucha entre el “Ello” y el “Superyó”, y una pulsión de muerte tan latente que busca la autodestrucción sin percatarse. Tal como lo planteó Sigmeund Freud.
El espectador se vuelve cómplice de sus miedos, obsesiones y ansiedades reflejadas en cada una de sus cicatrices, rascaduras, y golpes.
Es una historia que sin duda, conforme avanza se vuelve más oscura; lo anterior gracias a un guión de Mark Heyman, Andres Heinz y John J. McLaughlin, y trasladado a imágenes por el director Darren Aronofsky.
Personajes que van marcando la trama
Black Swan, cuenta con un reparto y actuaciones destacables, por un lado su rival y antítesis de baile Lily, a cargo de Mila Kunis
en un papel que lleva cargado de sensualidad y astucia. Un intrigante y manipulador Vincent Cassel como Thomas, director de la compañía de ballet, la sobre protectora madre de Nina, interpretada por Barbara Hershey, quien igualmente ejerce presión en su hija al ver sus sueños frustrados, (Freud otra vez), y Winona Ryder como la retirada (a la fuerza) y neurótica bailarina que solía tener el papel principal en “El Lago de los Cisnes”.
Pero la película es llevada en gran parte por la actuación de Natalie Portman, como la atormentada y llena de ansiedad, Nina, papel que maneja hábilmente, situando al espectador entre la realidad y la alucinación. Sin duda un papel que se tornará imprescindible para la carrera de Portman.
Habría que mencionar que la actriz trabajo durante casi un año para el papel, ensayando la coreografía ya que gran parte del baile fue realizado por la misma.
Análisis técnico y visual
Técnicamente maneja una fotografía y montaje impecable, visualmente realiza un juego de colores que llevan una connotación muy clara, además los espejos se tornan importantes, ya que trasladan a ese mundo de locura y dualidad.
Por otra parte uno de los puntos fuertes del film, es el uso de la cámara en mano, la cual sigue las vueltas y movimientos de Natalie Portman o llevándola en su espalda, así se va caminando junto a la protagonista. Lo anterior, junto con el abundante uso de planos cerrados o planos detalle hace que se adentre más en la historia y casi se palpe la sensación de agobio de la protagonista.
Resaltan también las escenas oníricas y de fantasía reiterando la paranoia y obsesión del personaje.
La banda sonora fue compuesta por Clint Massel, frecuente colaborador de Aronofsky, quien utilizó varias partes de la obra de Tchaikovsky, pero modificándolas y adaptándolas a la imagen, así junto con el sonido, cumplen una función didáctica de apoyar las escenas, e intensificar la trama.
Asimismo, el propio director mencionó que Roman Polanski con películas como
Repulsión (1965) y
Le Locataire (1976) sirvieron como referencias claras para la creación del film.
Película inteligente, que merece ser vista. También si son seguidores de los premios Oscar, seguro les atraerá su nominación a “Mejor Película” y la casi asegurada estatuilla en la categoría de “Mejor Actriz” a Natalie Portman.
Pero lo que habría que resaltar es que Aronofsky logra poner al límite a su espectador una vez más.